El ataque “potente y letal” ordenado por Trump
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció que el ejército estadounidense llevó a cabo un “potente y letal ataque” contra objetivos vinculados al autodenominado Estado Islámico en territorio de Nigeria. El bombardeo se produjo tras varias semanas de seguimiento de inteligencia sobre células afiliadas al grupo que operan en el noreste del país africano, una región marcada por la violencia yihadista y la debilidad del Estado nigeriano.
Según la versión oficial, el objetivo principal fue degradar las capacidades de mando, entrenamiento y logística de una facción del Estado Islámico que se ha fortalecido en los últimos años aprovechando la porosidad de las fronteras y la crisis socioeconómica de la zona. Washington presentó la operación como una medida defensiva destinada a prevenir ataques tanto contra intereses estadounidenses como contra civiles nigerianos.
El auge del Estado Islámico en Nigeria
La presencia del yihadismo en Nigeria no es nueva y está estrechamente vinculada a la evolución de grupos como Boko Haram, algunos de cuyos comandantes juraron lealtad al Estado Islámico y pasaron a operar bajo la franquicia conocida como Provincia de África Occidental del Estado Islámico (ISWAP, por sus siglas en inglés). Esta organización ha perfeccionado sus tácticas, combinando atentados, emboscadas y secuestros masivos en áreas rurales y carreteras estratégicas.
En el noreste nigeriano, la insurgencia ha desplazado a cientos de miles de personas, ha destruido pueblos y ha debilitado aún más la frágil presencia del Estado. Para los analistas, el crecimiento de estas células se explica por una mezcla de pobreza extrema, corrupción, conflictos entre comunidades y falta de oportunidades, factores que los grupos armados explotan para reclutar jóvenes.
Por qué Washington decide actuar ahora
El anuncio de Trump llega en un contexto en el que Estados Unidos reorganiza su estrategia global contra el terrorismo, desplazando parte de su foco desde Medio Oriente hacia África. La Casa Blanca ve en la expansión del Estado Islámico en el Sahel y el Golfo de Guinea una amenaza de largo plazo que, de no contenerse, podría acercarse a rutas comerciales clave y a socios estratégicos de EE.UU. en la región.
Funcionarios estadounidenses citados en el reportaje señalan que existía información de inteligencia sobre planes de ataque de la filial nigeriana del grupo contra instalaciones diplomáticas y objetivos occidentales. Esa percepción de amenaza inminente habría sido uno de los argumentos centrales para convencer al presidente de autorizar el uso de fuerza letal, pese a los riesgos políticos y militares que ello implica.
El papel del gobierno nigeriano y las dudas internas
Aunque Abuja ha recibido tradicionalmente apoyo militar y logístico de potencias occidentales, la participación directa de EE.UU. en bombardeos dentro de su territorio abre un nuevo capítulo en la cooperación bilateral. Las autoridades nigerianas han tratado de presentar la operación como un esfuerzo conjunto en la lucha contra el terrorismo, subrayando la necesidad de capacidades aéreas avanzadas para golpear campamentos yihadistas en zonas remotas.
Sin embargo, dentro de Nigeria persisten dudas sobre la transparencia de los acuerdos de seguridad con Washington y sobre el posible impacto en la soberanía del país. Organizaciones de la sociedad civil también advierten sobre el riesgo de víctimas civiles, un elemento que, si se confirma, podría alimentar la narrativa de los grupos extremistas y dificultar los esfuerzos de desradicalización.
Implicaciones regionales y mensaje global
El ataque en Nigeria envía una señal a otros grupos afiliados al Estado Islámico en África, desde el Sahel hasta Mozambique, de que Estados Unidos está dispuesto a actuar preventivamente más allá de los escenarios tradicionales de Irak y Siria. Al mismo tiempo, coloca presión sobre aliados europeos para que definan su propio rol en un teatro africano cada vez más complejo, donde también compiten actores como Rusia y China.
Para Trump, la operación tiene un claro componente político interno, pues refuerza la imagen de un presidente que promete mano dura frente al terrorismo y que afirma haber retomado la iniciativa frente a las redes yihadistas globales. No obstante, expertos consultados advierten que los bombardeos, por sí solos, difícilmente cambiarán las causas profundas del conflicto en Nigeria y podrían, si no se acompañan de inversión y reformas, prolongar un ciclo de violencia que ya lleva más de una década.
Fuente: BBC News Mundo, “Por qué Trump decidió bombardear a Estado Islámico en Nigeria”.

