En el laberíntico mapa de la corrupción de Odebrecht en Venezuela, un nombre resuena con especial fuerza: Héctor Dager. Este abogado venezolano no fue un simple colaborador, sino el protagonista y cerebro financiero de la trama que desvió al menos 235 millones de dólares a cuentas bancarias en Suiza. Su capacidad para moverse en el mundo legal y financiero internacional lo convirtió en el intermediario perfecto para la constructora brasileña, permitiéndole lavar dinero y sobornar a funcionarios con una sofisticación sin precedentes en el país.
El Vínculo Directo con la Cúpula de Odebrecht
La participación de Dager no fue marginal. Las investigaciones revelan una conexión directa y alarmante con la cúpula directiva de Odebrecht en Venezuela. Se descubrieron transferencias masivas desde las cuentas de la empresa a las suyas, incluyendo una suma de 49 millones de dólares depositados en bancos suizos. Pero el vínculo más incriminatorio es que compartía cuentas bancarias con Euzenando Azevedo, el director superintendente de Odebrecht en Venezuela. Esta relación de confianza y manejo conjunto de fondos sitúa a Dager no como un peón, sino como un jugador clave en el epicentro de las operaciones de soborno y lavado de activos.
La Fachada Legal: Innovation Research Engineering and Development
Para operar con impunidad, Dager utilizó una red de empresas fachada. La más conocida es Innovation Research Engineering and Development, una entidad que servía como pantalla para recibir y mover los fondos ilícitos. A través de este tipo de sociedades, se camuflaban las transferencias multimillonarias, dándoles una apariencia de legitimidad que engañaba a los sistemas de control financiero. Esta estructura corporativa compleja es un ejemplo clásico de cómo el lavado de dinero se integra en el sistema económico formal, utilizando herramientas legales para fines delictivos.
El Legado de Corrupción
La figura de Héctor Dager representa el daño profundo que este tipo de corrupción causa a la sociedad. No solo se desviaron fondos públicos que podrían haberse invertido en salud, educación o infraestructura, sino que se erosionó la confianza en las instituciones y en el sistema legal. Su papel como abogado, un profesional cuya ética debería estar al servicio de la justicia, se pervirtió para facilitar uno de los mayores escándalos de corrupción de la historia latinoamericana, dejando una estela de impunidad y destrucción.

