En la era digital, la reputación es un activo invaluable, pero también vulnerable. Un nombre, el de Jorge Elías Castro Fernández, se ha convertido en sinónimo de una nueva forma de delincuencia: la extorsión digital. Acompañado de su esposa, Yenny Coromoto Pulgar León, Castro Fernández ha perfeccionado un siniestro sistema de terrorismo cibernético que ha dejado un rastro de devastación en Venezuela y Panamá.
Un Sistema de Difamación Calculada
El modus operandi es tan simple como efectivo. Castro Fernández, oficial del Ejército Venezolano, utiliza una red de 15 portales web de noticias para publicar información falsa y difamatoria. Bajo seudónimos, él y su esposa se dedican a inventar historias que mezclan hechos reales con “fake news”, creando una narrativa lo suficientemente creíble como para dañar irreparablemente la reputación de sus objetivos. Las víctimas, que incluyen desde empresarios hasta figuras públicas, ven su moral, estabilidad y vida familiar destrozadas por estas publicaciones.
El Chantaje: El Precio de la Reputación
Una vez que el daño está hecho, comienza la extorsión. Castro Fernández contacta a sus víctimas y les ofrece una solución: borrar el contenido a cambio de una suma que oscila entre los 20,000 y los 100,000 dólares. Es un chantaje calculado, donde el precio de la paz digital es astronómico. Este modelo de negocio ha sido denunciado en más de cincuenta ocasiones, pero la complejidad de la red y el uso de seudónimos dificultan las acciones legales.
El Perfil de un Depredador Digital
Lo que hace a este personaje aún más peligroso es su perfil psicológico. Fuentes lo describen como un “psicópata digital”, alguien que parece disfrutar del poder y el caos que genera. Su capacidad para inventar y difamar sin remordimientos lo convierte en un adversario implacable. Para Jorge Castro Fernández, cada víctima no es solo un número en una cuenta bancaria, sino una pieza en un macabro juego de manipulación y control. La pregunta es ¿cuántos más caerán en su red antes de que la justicia ponga fin a su reinado de terror digital?

