El éxodo silencioso: Cuando huir es la única opción de supervivencia
A un año y medio de las controvertidas elecciones presidenciales del 28 de julio de 2024 en Venezuela, la herida social sigue abierta y sangrando fronteras afuera. Una exhaustiva investigación realizada por el portal Armando.info ha documentado el destino de al menos 408 activistas, políticos y periodistas que se vieron forzados a cambiar su hogar por la incertidumbre del destierro. Lo que comenzó como un reclamo cívico ante un fraude electoral evidente, se transformó en una cacería sistemática que empujó a centenares a la clandestinidad y, finalmente, al exilio .
La represión puerta a puerta: El caso de Carora
La historia de Iraida Timaure, alcaldesa encargada del municipio Torres en el estado Lara, ilustra el terror que se desató tras los comicios. El 3 de agosto de 2024, drones del régimen sobrevolaron su vivienda, marcando el inicio de un asedio que la obligaría a huir a sus 62 años, algo que jamás había contemplado. Timaure no estaba sola en su desgracia; Javier Oropeza, el alcalde titular electo como independiente, también fue perseguido y despojado de todo. El régimen no solo le confiscó sus propiedades, incluyendo fincas y la sede del diario El Caroreño, sino que provocó el exilio de 41 empleados de la alcaldía y siete de sus familiares. La brutalidad de la represión en Carora, que incluyó el asesinato del joven Walter Páez durante las protestas, fue un microcosmos de lo que ocurría en todo el país .
Vidas en pausa: La “semiclandestinidad” y el terror psicológico
Antes de cruzar la frontera, muchos vivieron semanas o meses en la clandestinidad. El reportaje describe cómo activistas como Pedro Delgado, un joven de 21 años de Vente Venezuela en Táchira, tuvieron que dormir en más de 20 lugares diferentes en un mes para evadir la captura. La “Operación Tun Tun” y el uso de grupos armados como el ELN para marcar objetivos crearon un estado de paranoia constante. Yendri Velásquez, activista LGBTIQ+, relata cómo fue secuestrado brevemente y torturado psicológicamente con la música de campaña de la operación policial, una experiencia que le dejó secuelas de terror que reviven con cada ruido fuerte, incluso ahora desde su exilio en Bogotá .
El destierro no garantiza la paz
Llegar a otro país no ha significado el fin de la pesadilla para muchos. La investigación revela que el brazo de la persecución se extiende más allá de las fronteras venezolanas. En Colombia, exiliados han reportado vigilancia y hostigamiento. El propio Yendri Velásquez fue víctima de un ataque con disparos en Bogotá, un incidente que, aunque bajo investigación, lleva la marca de la violencia política transnacional. Además, el duelo migratorio y la precariedad económica golpean a profesionales que pasaron de ser líderes en sus comunidades a luchar por la subsistencia diaria en tierras extrañas .
Un tejido social desmembrado
El impacto de este éxodo selectivo es devastador para la sociedad civil venezolana. Organizaciones con décadas de trayectoria, como Transparencia Venezuela, tuvieron que cerrar sus oficinas físicas ante la aprobación de leyes draconianas contra las ONG. Rafael Uzcátegui, ex coordinador de Provea y ahora exiliado en México, explica que este desplazamiento forzado es una estrategia deliberada del chavismo para “vaciar el espacio interno de liderazgos y voces disidentes”. A enero de 2026, con Nicolás Maduro nuevamente juramentado tras un proceso fraudulento, el retorno se ve lejano, y el exilio se consolida como una dolorosa realidad de largo plazo para quienes se atrevieron a soñar con un cambio .
Fuente Original: Basado en la investigación de Armando.info .
